Casimero se desquita de Ruenroeng -Beijing.- Reza un viejo refrán que, si hay desquite, no hubo agravio. John Riel Casimero demostró que las airadas protestas de su equipo tras la derrota de hace once meses frente al tailandés Amnat Ruenroeng tenían fundamento de sobra. El filipino puso de manifiesto su superioridad en la revancha, efectuada este miércoles en la capital de China, y es ahora nuevo campeón mundial mosca (112 libras) de la Federación Internacional (FIB).

En el coliseo Diamond Court, enclavado en el Parque Olímpico de Beijing, Casimero desafió por segunda vez al hasta la fecha imbatido Ruenroeng, en la pelea estelar de un cartel nocturno que contó con la presencia de varias estrellas del pugilismo de un pasado reciente, como los estadounidenses Mike Tyson y Roy Jones Jr., ambos invitados al evento cortesía de la FIB, entidad que celebra en esta ciudad su trigésima tercera convención (del 23 al 27 de mayo).

La urbe china como sede neutral, la presencia del prestigioso Tony Weeks en el rol de tercer hombre en el ring y el hecho de que toda la cúpula de la FIB, encabezada por su presidente, Daryl People, fuese testigo del combate, eran todos elementos de peso para confiar en que*la secuela de los dos boxeadores asiáticos estaría acompañada de un ambiente de sana imparcialidad.

Y así fue. Aunque hubo un trío de derribos ilegales por parte del tailandés, los dos primeros podrían calificarse de accidentales y solo en el tercero fue que el referí de Las Vegas decidió lanzarle una advertencia al campeón, un “No empujes más, que sea la última vez” en inglés que, en una traducción libre, pudo haberse interpretado como “No estás en Bangkok y, aunque también soy norteamericano, no voy a ser tan permisivo como mi compatriota Larry Doggett”.

Más allá de estas pequeñas irregularidades, Ruenroeng ganó el primer asalto y también los dos siguientes, por un margen más estrecho. El oriundo de Chonburi, que defendía su título de las 112 libras por sexta vez, dominó al retador obligatorio principalmente con su recto de izquierda, peleando al contraataque y aprovechando su mayor alcance. No se veía en Casimero, púgil derecho al igual que su contrincante,*la urgencia de quien viene decidido a tomarse cumplida revancha y, de ser posible, la justicia por sus manos para evitar nuevas controversias.

Ambos fueron al suelo en los últimos compases del round de apertura por un tropezón de Amnat, quien se llevó a su contrario por delante. En la tercera fracción, nuevamente John Riel cayó tras un ataque desorganizado del de Tailandia que concluyó con un ligero empujoncito. Y en la cuarta, una vez que se reincorporaron después de desplomarse en un forcejeo, Weeks mandó a Ruenroeng a una esquina para que le acordonasen la zapatilla y ahí, en la corta distancia, le dejó saber que tres tropezones ya eran muy sospechosos.

Fue en ese cuarto round, una vez que se reanudaron las hostilidades, que sobrevino el espectacular desenlace. En un intercambio de golpes en el centro del ring, Amnat descuidó su casi hermética defensa y Casimero lo fulminó con un zurdazo cortito al mentón que puso al rey mosca de la FIB de rodillas en la lona, casi besándola con*la frente, sin saber si había aterrizado en Beijing, Manila, Bangkok o Marte.

Weeks le aplicó el conteo de protección mientras el púgil tailandés, todavía anonadado, se ponía en pie en cámara lenta. El árbitro estadounidense debe haberse percatado de que no se encontraba en buenas condiciones, pero por tratarse del campeón, le otorgó el beneficio de la duda y ordenó a ambos nuevamente que cruzaran guantes en el medio del ensogado.

El filipino se lanzó como un rayo a darle el tiro de gracia, pero su contrincante acudió a*su veteranía y a una alta dosis de coraje como últimos recursos y, aun cuando se hallaba semiconsciente, logró evadir los impactos de mayor potencia con fintas, agarres desesperados y hasta algunos intentos de ofensiva sin mucha efectividad. Sin embargo, quedaba demasiado tiempo en el reloj y muy poco respaldo de sus renqueantes piernas, todavía vacilantes, para alcanzar a escuchar la campana salvadora.

Cuando restaba un minuto, Casimero cumplió el aquello de que fortaleza sitiada es fortaleza tomada. Por segunda vez mandó al encerado a su oponente, utilizando en esta oportunidad una astuta estrategia que, no por trillada, deja de ser efectiva: combinación a la cabeza que obligó a Amnat a cerrar su guardia arriba, seguida de*un lapidario gancho al hígado, otra vez con el puño siniestro, que lo dejó sentado contra las cuerdas, totalmente abatido y*sin la menor intención de levantarse.

Weeks dio por terminada la contienda (KO-4) y desató la algarabía en la esquina del nuevo soberano mosca de la FIB. Casimero (22-3, 14 KOs), de 26 años, una década más joven que el monarca destronado, tuvo un gesto un tanto antideportivo en el par de ocasiones que llevó a la lona a su rival: dedicándole alguna ofensa verbal*que difícilmente Ruenroeng (17-1, 5 KOs) entendiese, se agachó para sonreírle en tono de burla. Pero considerando que los ánimos venían caldeados por la polémica derrota que sufrió en el primer duelo, en junio de 2015, en la capital tailandesa, habrá que pasar por alto el incidente.

El de la ciudad de Cebu, que no había peleado desde entonces reservándose para esta velada, convertida en la de su consagración, se adjudica su tercera corona del planeta en una segunda división. Antes reinó en la categoría mosca ligero (108 libras), en la que ostentó la faja interina de la Organización Mundial (OMB) en diciembre de 2009 (la retuvo por 8 meses y la cedió en la primera defensa) y, tres calendarios más tarde, entre febrero de 2012 y abril de 2014, exhibió la de la FIB (inicialmente interina y luego regular), que perdió la cuarta vez que la arriesgó por no cumplir con el peso.

Y a propósito de pesajes, para el recuento de la aventura pekinesa de ambos estará la tarde del día previo a la contienda (martes, 24 de mayo), en el famoso tramo Mu Tianyu de la Gran Muralla China, donde todos los púgiles encartados en el cartel boxístico pasaron por la báscula ante la mirada no muy atenta de los presentes, más concentrados en el risueño “Iron” Mike Tyson que en los verdaderos protagonistas del show del miércoles.

Los organizadores del evento, en un derroche de originalidad, le gastaron una broma a Ruenroeng y a Casimero haciéndoles creer que estaban por encima de las 112 libras establecidas: 113,25 el filipino y ¡117,75! el tailandés. Pero la falta de comunicación (algo común en China)*provocó que en los equipos de los dos peleadores saltaran las alarmas y pusieran a hervir las saunas, además de que muchos medios de prensa dieron por cierto el asunto y hasta comenzaron con las presunciones sobre cuál sería la decisión que tomaría la FIB. Al final todo se aclaró felizmente, aunque*podemos suponer que muy pocos celebraron el chiste.