Un rostro femenino está grabado en el tórax del boxeador puertorriqueño Jonathan Oquendo (24-4-0, 16 KO's). Para el pugilista, el tatuaje a la altura del costillar derecho, casi sobre su hígado, es como una cicatriz sangrante y, al mismo tiempo, un amuleto que lleva en cada pelea.
Es la cara de su novia Melanie Miranda Colón, una jovencita de 20 años que falleció cuatro días después de un trágico accidente de tránsito ocurrido en Puerto Rico, el 19 de febrero de 2012.
"Ella me inspira. El dolor de su pérdida irreparable, que nunca me abandonará, me impulsa en mi carrera como boxeador, porque yo le prometí a "mi nena" un título mundial", relata el pugilista de 30 años.
"Ella sigue siendo mi gran amor. Nunca podré olvidarla (...)", dice Oquedo al referirse a la mujer representada por el "talismán de tinta" que lleva en su anatomía, mientras se le quebranta la voz y los ojos se le llenan de lágrimas, algo que pareciera imposible cuando se observa la dura expresión habitual en el rostro de este hombre.
Oquendo no lo reitera. Quiere olvidar la tragedia. Pero en su fuero interno se siente culpable de la muerte de Melanie, que le acompañaba como pasajera cuando el conducía su todoterreno en una ruta de Borinquen, y se impactó contra otro vehículo que intentaba rebasar.
Como consecuencia del accidente, Melanie sufrió una fractura de cráneo que resultó mortal, mientras que Oquendo tuvo que ser sometido a tratamiento y cirugía por heridas en la cabeza, y en el codo derecho.
La carrera de Jonathan Oquendo cayó en un bache tras el infortunio de la terrible pérdida, justo cuando se encontraba a las puertas de una pelea por el título mundial de las 122 libras (categoría Súper Gallo).
Deprimido y con un evidente sentimiento de culpabilidad, "Polvo" Oquendo, como lo llaman en el mundillo del boxeo profesional por su estilo agresivo y su probada valentía, ha conseguido un par de triunfos y ha sufrido dos derrotas después que retornó al ring, el 6 de octubre de 2012, aún bajo el impacto del fatídico accidente carretero.
Antes del 19 de febrero de 2012, Jonathan acumuló 22 triunfos, de ellos 15 por la vía del cloroformo, con un par de fracasos.
El referido sexto día del décimo mes de 2012, al retornar a los encordados tras la tragedia que ha dejado una profunda huella en su vida, "Polvo" Oquendo sucumbió por nocaut técnico en el séptimo asalto de un combate pactado a 12 en el coliseo Rubén Rodríguez, de Bayamón, ante su coterráneo Wilfredo "Papito" Vázquez Jr.
Después tuvo una recuperación en par de pleitos en las 126 libras, hasta que tropezó con el mexicano Abner Mares, el 12 de julio de 2014, en el MGM Grand de Las Vegas.
En la Ciudad del Pecado, en un duelo entre boxeadores afectados por traumas de distinta índole, Mares llevó la mejor parte y superó por veredicto unánime en 10 rondas, al muchacho nacido en Bayamón y actual residente en la localidad boricua de Vega Alta.
Mares retornaba al encerado tras 11 meses de ausencia, luego del inesperado nocaut que le propinó su compatriota Jhonny González, y para "Polvo" Oquendo era la cuarta oportunidad, después del ya referido infortunio que le deparó el destino.
"No me doy por vencido. Creo que aún me queda tiempo para encontrar el camino hacia la gloria", ha dicho Jonathan a raíz de su más reciente fracaso.
Con el antecedente de una vida convulsa --y nadie pretende juzgarle por lo que le tocó vivir como típico muchacho de barrio-- y el peso del tatuaje que a veces porta como una sangrante cicatriz en su costado derecho, Jonathan Oquendo enfila hacia el futuro sin dejarse derrotar por la adversidad.
"Tenía dos grandes cosas en mi vida: Melanie (su fallecida novia) y el boxeo. Ahora me queda una sola y voy a luchar por llegar lo más alto posible (...) Mi irremplazable pérdida me tiene que servir de inspiración", afirma Oquendo, al hacer un resumen de su porvenir en el exigente contexto del boxeo profesional.
Quizás, la derrota ante un púgil reconocido como Abner Mares se convierta en un nuevo punto de partida en la carrera de este guerrero puertorriqueño. Es pura especulación. Sólo el tiempo podrá decir la última palabra.