La división de las 175 libras del boxeo profesional ha tenido en lo que va de 2014 todos los ingredientes de una atractiva serie dramática de televisión: promesas, desencuentros, desafíos, demandas legales, récords y, como no podía faltar, victorias por la vía del nocaut, el invitado de lujo del deporte de los puños.
No era difícil de vaticinar, al término de 2013, que un trío de actores asumiría los roles estelares de la categoría de los semipesados, los tres poseedores de títulos que conquistaron en el pasado calendario.
Bernard Hopkins (55-6-2, 32 KOs) no necesita presentaciones, más bien alguien que domine a la perfección el arte de resumir, para decir en pocas líneas lo que El Verdugo, devenido Alien, ha hecho en casi 26 años dentro de los cuadriláteros del pugilismo profesional.
El ídolo de Filadelfia, Pensilvania, ciudad de grandes púgiles como el legendario Joe Frazier, se mantuvo como rey de los medianos por más de una década y llegó a unificar las fajas de los cuatro organismos legitimados en el boxeo de paga, la Federación Internacional (FIB), y el Consejo, la Organización y la Asociación Mundial (CMB, OMB y AMB).
Desde que, desafiando al eterno e invencible rival de los atletas, el tiempo, Hopkins decidiera probar su maestría entre los semipesados, el veterano de mil batallas ya ha conquistado tres fajines (175 lb.), un par de ellos actualmente en su poder.
En mayo de 2011, con más de 46 años, Bernard le dio una lección de astucia y maestría boxística al haitiano-canadiense Jean Pascal, para agenciarse el cinturón verde y dorado del CMB. Sepultado dejó el récord de George Foreman como el púgil que se proclamaba rey del planeta con mayor edad (Big George lo hizo a los 45 años y 9 meses).
Hopkins cedería aquel cinturón en un combate deslucido ante su compatriota Chad Dawson, en marzo de 2013, en una de las dos derrotas más claras de su carrera (la otra, el traspié de 1993 frente a Roy Jones Jr., que vengaría 17 años después). Contra Dawson (a quien Bernard se midió seis meses antes en un pleito que terminó sin decisión por una lesión en su hombro) el orgullo de Filadelfia lució cada día de sus 47 años, cada minuto acumulado dentro de los ensogados, y no faltaron simpatizantes en el coro de detractores que le pedía a gritos que colgara los guantes.
Pero si alguien sabe en el gremio boxístico lo que significa embestir de manera frontal a la lógica y las estadísticas, buscar un aliento extra en el menosprecio, ese es el Alien Hopkins; el hombre que fulminó en 2001 al entonces invicto Felix "Tito" Trinidad, noqueó por primera vez en su carrera a Oscar De la Hoya, jugó con un Antonio Tarver que venía supuestamente listo para aniquilarlo, estrenó el casillero de derrotas del favorito Kelly Pavlik y, para muchos (incluyendo a un servidor), mereció la victoria unánime en aquel debatible fallo dividido que le arrebató Joe Calzaghe en 2008.
Con más de 48 años, Hopkins retornó a la senda del triunfo en marzo de 2013 y despojó a Tavoris Cloud de su diadema de las 175 libras avalada por la FIB. La gesta continuó con una defensa inobjetable a expensas del iraquí-alemán Karo Murat y prosiguió con su éxito más reciente, la unificación de los fajines de la FIB y la AMB, el pasado mes de abril, frente a Beibut Shumenov. Tres meses después de cumplir los 49, Bernard dominó en toda la línea al kazajo Shumenov, quien incluso fue a la lona en la undécima fracción antes de claudicar y ceder su cetro por una inequívoca votación de los tres jueces.
Hopkins es el nombre más visible de las 175 libras para los aficionados regulares y esporádicos, pero los otros dos astros de la división ya se escuchan mencionar más allá del estrecho círculo de analistas, familiares y amigos. Ambos alcanzaron el estrellato en 2013 a fuerza de combinaciones demoledoras, rivales anestesiados y la no siempre bien ponderada ayuda de las cámaras de Home Box Office (HBO).
El haitiano-canadiense Adonis "Superman" Stevenson (24-1-0, 20 KOs) se dio a conocer en la gran carpa en junio de 2013, con un izquierdazo a la sien de Chad Dawson antes de que concluyera el primer minuto de pelea, que le valió la fama repentina, el cetro del CMB y el apoyo de HBO.
Desde entonces, el oriundo de Puerto Príncipe y actualmente residente en Quebec, ha eslabonado una cadena de tres defensas exitosas de su sitial, dos por la vía rápida ante el estadounidense Tavoris Cloud (agosto de 2013; en 6 asaltos) y el británico Tony Bellew (noviembre de 2013; en 7), y una más sufrida, por decisión unánime, frente al polaco Andrzej Fonfara (mayo de 2014).
Pero entre el nocaut a Bellew y la reyerta con Fonfara, Adonis fue noticia este año al establecer vínculos legales con el omnipresente Al Haymon, dejar en blanco la extensión de su contrato con HBO y estampar su rúbrica en la oferta de Showtime. Todo por el privilegio de escalar al encerado contra el mítico Bernard Hopkins antes de concluir el actual almanaque, un sueño que en aquel entonces parecía erigirse sobre cimientos sólidos, pero que la realidad ha demostrado que no era más que otro castillo de naipes.
Por esas travesuras del destino, quien parecía que al comienzo de 2014 marchaba a una inminente colisión con Stevenson; quien luego, en febrero, tenía ante sí un panorama bastante desalentador, cuando el rey del CMB se sumó a la nómina de clientes de Haymon; el mismo que ha debido soportar en los últimos seis meses toda clase de insultos y cuestionamientos de su talento, tanto de parte del Superman como del Alien; pues el presumible olvidado en este triángulo de rivalidades, Sergey Kovalev (25-0-0, 23 KOs), es hoy por hoy el hombre más feliz en calzar un par de guantes para ganarse la vida, sin sobrepasar las 175 libras en el pesaje previo a la jornada laboral.
El ruso, quien reside en Fort Lauderdale, Florida, no solo sumó a su cuenta otro convincente triunfo por la vía del cloroformo, sino que además garantizó de manera casi irreversible una cita –literalmente hablando- con la historia del boxeo. Horas antes de pulverizar en par de capítulos al australiano Blake Caparello el sábado, en Atlantic City, Nueva Jersey, Kovalev y su apoderada, la directora ejecutiva de Main Events Promotions, Kathy Duva, reservaron un espacio en la agenda de Hopkins para el mes de noviembre.
Esta vez, Duva y el nacido en Chelíabinsk no creyeron en pactos de caballero y dejaron el arreglo plasmado en blanco y negro con Eric Gomez, negociador de combates de Golden Boy Promotions, la compañía que guía los destinos de Bernard (y en la cual el Alien posee alrededor de un 5% de las acciones). Únicamente una condición invalidaba el acuerdo, que Caparello materializara una de las sorpresas del año y terminara con su brazo en alto; y de lo contrario, se ocupó eficientemente Sergey.
Kovalev, quien se hizo con el trono de la OMB en agosto de 2013, con un nocaut que le recetó a domicilió al galés Nathan Cleverly en cinco rounds, irá ahora al combate más importante de toda su trayectoria boxística. El ruso tiene como principal aval el haber encadenado nueve victorias antes del límite, las tres últimas en defensa del cinturón de la OMB, frente al ucraniano Ismayl Sillah (noviembre de 2013; en 2 asaltos), el estadounidense Cedric Agnew (marzo de 2014; en 7 asaltos) y, su víctima más reciente, Caparello (en 2).
Sergey "Triturador" Kovalev no es un boxeador unidimensional, como lo ha calificado Hopkins en más de una entrevista: sabe cortar el paso a sus rivales y acorralarlos contra las cuerdas, trabajar a las zonas blandas con golpes demoledores para obligarlos a bajar la guardia y así desembarcar sus combinaciones en forma de recto y ganchos; puede asimilar un buen impacto de su oponente (lo hizo ante Darnell Boone, quien es la única mancha en el expediente de Stevenson) y, por encima de todo, tiene el don de poner a dormir a sus contrincantes cuando hace estallar la pólvora que lleva en cualquiera de sus puños.
El Hopkins-Kovalev es un merecido regalo para la afición, un pleito de pronóstico reservado en el que pudieran argumentarse varios puntos en favor de uno u otro. En Zona de Boxeo estaremos de regreso con el análisis de esta refriega, en más de una ocasión, durante los tres meses previos, pero avivar la llama de la expectativa para este duelo será un acto de puro trámite, hasta innecesario, considerando que ya existía un marcado interés por ver al Alien y al Triturador cruzando guantes en un mismo ring.
Será una cita a la que concurrirá la veteranía extrema del ídolo establecido contra la sed de gloria de la estrella en ascenso; el poder natural contra las artimañas de quien conoce mejor que nadie su oficio; el ayer que quiere seguir dictando su ley en el presente, contra el hoy que reclama su hegemonía de mañana... El acertijo de los semipesados se acerca a una respuesta parcial sobre quién es el campeón absoluto del peso, una pelea de unificación que dejará a los títulos de la FIB, la AMB y la OMB con un solo propietario.
El ahora marginado Stevenson –asesorado por Haymon– deberá esperar en la sombra y evitar cualquier resbalón durante el impasse.
Pero lo que pueda ocurrir después con el mandamás del CMB no cambiará la percepción de muchos que ven en este desenlace una luz de optimismo. ¿Estará cambiando la dinámica de las negociaciones en el boxeo rentado en favor de las peleas que todos queremos ver? ¿Estaremos asistiendo al definitivo adiós a la Guerra Fría entre promotoras y cadenas de televisión?
Todavía es prematuro para responder afirmativamente, pero algo sigue estando más claro que nunca: cuando dos púgiles realmente quieren enfrentarse, todo se hace olímpicamente expedito.