Desde hace rato hay una guerra verbal aguda entre los boxeadores Saúl "Canelo" Álvarez (México, 44-1-1, 31 KO's) y Erislandy Lara (Cuba, 19-2-2, 12 KO's). Sobre el ring se libró apenas una batalla de 12 asaltos, que ganó el mexicano por una controversial decisión dividida, el 12 de julio, en el MGM Grand de Las Vegas, Nevada. Y pocos creen que haya revancha.
Pero la bronca de las palabras si está que arde. Y esa confrontación comenzó mucho (muchísimo) antes de la referida pelea, y no parece existir fuerza capaz de sofocar el incendio, que creció, lejos de aminorar, tras el controvertido fallo que los jueces concedieron al tapatío en la Sala Garden del famoso Hotel y Casino de la Ciudad del Pecado.
Si bien la agresividad sobre el cuadrilátero la puso "Canelo", -en contraste con el estilo esquivo, de marcar con el uno-dos y rehuir el combate cuerpo a cuerpo, de Erislandy Lara-, fuera del ensogado el más agresivo ha sido el cubano quien, en ocasiones, rebasó la barrera de lo permisible.
En ocasiones, su lenguaje fue sumamente ofensivo, hiriente al extremo, tan provocativo que, algunos consideran fue el anzuelo lanzado por sus promotores para conseguir el lucrativo enfrentamiento.
Claro, se sabe que esto muchas veces forma parte del espectáculo. Del entramado para incentivar el interés por ver cómo se resuelve sobre el cuadrilátero tanta antipatía (¿real?). Es una forma de vender en el cruento negocio del boxeo profesional.
Muchas veces todo este fuego verbal se apaga una vez que concluye la bronca. No es el caso. Y en buena medida, porque la decisión de los oficiales no dejó satisfechos a muchos.
Al terminar el combate, "Canelo" recriminó a Lara "por correr" todo el tiempo. Según el mexicano, el boxeo es para liarse a trompadas. No hay margen para la esquiva, el desplazamiento de piernas veloz, la estrategia de reducir al mínimo el potencial físico del rival.
Y según Lara, el ganó la pelea. Por tanto se merece una justa revancha, para poder demostrar que él es mejor.
Sin embargo, eso de una segunda parte sobre el encerado parece poco probable. "Canelo" dice que primero hay "que enseñar" a boxear al cubano, para considerar esa posibilidad.
En realidad Saúl Álvarez y su equipo no tienen ningún interés por repetir la dosis. Dígase lo que se diga, el moreno zurdo de la Mayor de las Antillas es un obstáculo demasiado complicado y, a fin de cuentas, ya cumplió su objetivo. Servir de trampolín para avalar una muy lucrativa pelea inmediata entre el tapatío y el puertorriqueño Miguel "Junito" Cotto, en el venidero otoño.
Lara, quien en su disputa en la frontera de las 155 libras con "Canelo" preservó, pese a la derrota, su título interino de las 154 libras avalado por la Asociación Mundial (AMB), debe comenzar a enfocarse en otros objetivos y olvidar, al menos por lo pronto, esta guerra verbal despiadada, y un posible reencuentro con el pelirrojo pecoso de Guadalajara.
Mirando el lado positivo del asunto, el cubano debe agradecer la jugosa bolsa (alrededor de un millón de dólares) que obtuvo al batirse con "Canelo", quien según expertos está llamado a convertirse en el rey del Pague Para Ver (Pay Per View), un trono que de momento ocupa sin discusiones el estadounidense Floyd "Money" Mayweather Jr.
Porque esta guerra de palabras no conduce a ninguna parte. Y Erislandy Lara preserva su "elevado pedigrí", por tanto contratos jugosos para próximas peleas no deben faltarle, ni peldaños para escalar posiciones, y apuntalar su fama, tampoco.